me rio

Dinero para… comer, para dormir, para coger un tren y verte, para viajar, para dar de comer, para pañales, para una vela en el salón, para emborracharte, para gasolina, para una hamaca, para una cámara de fotos cotilla, para … que poquito queda gratis

Lo cierto es que hoy en día hasta para mear necesitas pagar y no hace falta mucho para comprobar que sin un céntimo no puedes ya salir de casa. Tenemos que admitir que es necesario pero hasta dónde, quién pone el límite de ese «hasta». Sí, cada uno pero a veces suenan tan absurdas las necesidades de la gente que no te queda otra cosa que reirte, de ellos y de su dinero. Ojalá no me falte nunca para comer, de momento respirar es gratis y mirar el cielo y soñar también.

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imagen: Laura Medrano – Dinero

2 comentarios en “me rio

  1. Para observar el grado de contradicción de cualquier familia de clase pobre/media, solamente hay que echar un vistazo a la hibatación del niño para apreciar el cúmulo de juguetes desordenados que, solamente mirarlos, produce estrés. Para esto hay que gastar dinero, muchas veces conseguido con dificultad.
    Creo que se comete un grave error, tendríamos que ser capaces de mostrar a los niños otros caminos, esos bosques encantados de la imaginación, que tan bien ilustran los cuentos al fuego de la chimenea y las historias de otros tiempos. Creo que se puede prescindir de la compra de juguetes a los niños; ellos se construirán sus propios juguetes, como lo hacen los niños pobres de otras latitudes ahora y lo hacíamos nosotros antes. La mayoría de los juegos que más emocionan a los niños, más les instruye y más les hace convivir con otros niños, no precisan juguetes.

    Un amigo pintor, que vive en una preciosa casa vieja (sin televisión en el salón) en un pueblo vecino, anoche nos mostró una película de 16mm rodada en Carboneras, Cabo de Gata, en los años 68 y 70, época en la que se dedicaba al cine. Era una zona deprimida, de gente muy pobre y pudo fotografiar, entre otras cosas y personas interesantes, una niña preciosa arropando con un trapo una botella vacía. Acariciaba su imaginaria muñeca como se acaricia a un niño, con una mirada dulce y tierna que seguramente su madre, en la más desoladora pobreza, no le privó.

    Si se educase en esta dirección y no hubiese los contra-educadores (los que nos venden), unos de los problemas importantes que tenemos, estaría resuelto.

    “El mundo solamente se mantiene por el aliento de los niños” Talmud, Sociabbath, 119.

    » Era igual que un niño que juega en la arena y encuentra una concha nacarada, o un guijarro pulido por las olas, o un corcho desprendido de las redes y, conquistador de semejante maravilla, corre hacia la madre a ofrecerle el humilde tesoro y la hazaña de haberlo hallado, arrancándoselo al mundo por ella. «

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