Qué recuerdas?

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Hay momentos que nunca se olvidan, que pase el tiempo que pase permanecen ahí, perfectamente nítidos como si hubiesen ocurrido ayer.

Tu primer … tu primer qué? Qué es eso que recuerdas siempre, cuál es ese momento ?

La primera vez que consigues mantenerte en una bici, que te mantienes en el agua y nadas, que fumas, que te afeitas, que conduces un coche, que besas «con lengua», que te pones un tampax, que viajas en avión, que tocas la nieve, que estás en un barco, que te acuestas con alguien, que te muerde un perro, que entras en una clase enorme en la universidad, que pisas otro país… Bonitos o amargos recuerdos, todos metidos ahí, en una cocktelera brillante y rebosante de sabor… recuerdos imborrables.

Seguro que alguno de estos te traen recuerdos, no? la bici y nadar seguro, esos son momentos únicos…

4 comentarios en “Qué recuerdas?

  1. La Aldea

    De niño, visitar a mis primos en la Aldea se convertía en una fiesta. Una Aldea para un niño era comparable a un palacio, un palacio con perros mastines, guardianes de las portas; galgos para la caza y pastores para el ganao. Recuerdo, como si fuese ayer, la noche que pasé con los mozos durmiendo en una saca de paja, muy próximo a las mulas. La memoria se impregna de olores de siglos: cuadras, mulas, tinás, ovejas, gallinero, nidos, palomar y sarmientos en el leñero. Pasados los rocíos, cuando los amarillos inundan las eras y los gorriones se disputan los granos, el vuelo rasante de las golondrinas electriza el aire que, a su vez, desplaza el grano en el aventamiento.

    La chimenea, cobijo de inviernos, rincón de tertulias y de cuentos encantados a la luz del candil. El olor de alfalfa seca y hierba mojada. El pajar de juegos ingenuos y primeros pálpitos. Aguaceros de mayo y tormentas de verano que transportan la paja en caprichosos arroyuelos.

    Las hormigas, las mariposas, los pájaros, las flores, los vientos del sur, el esplendor del campo.

    Aquellas sensaciones de la infancia, los olores y la música del aire a través del ventanillo nunca nos abandonarán. Aquellos paisajes nos recordarán siempre la niñez, el candor que encierra la infancia en sus días tan largos como un siglo, tal vez, lo más hermoso de la vida.

    Muchos años después, entré en la Aldea abandonada: solamente quedaba el polvo del recuerdo, las telarañas eternas, la bombilla, la cama o tálamo de amor y sufrimientos, y un par de enseres melancólicos.

    No obstante, esos muros vacíos mantienen adheridos a sus texturas el humo del sagato , la sonoridad de los besos, el ruido de los pasos y todas las historias de amor.

    “Aunque nada puede devolverte aquél tiempo del esplendor en la hierba y la gloria de las flores, no debes dolerte por ello; en la belleza que quedó atrás tienes que encontrar toda la fuerza”

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