Hay personas y personas…animales sólo hay animales

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Acabo de ver una noticia que me ha dejado asqueada de la gente, de las personas … una perra (que es preciosa ) sobrevive con más de “70” perdigones  y una bala en su cuerpo!!!!! Pero cómo, cómo y cómo es posible? no logro entenderlo.

Hay personas y personas pero animales… animales sólo hay animales, no hay clases

Imagen: Fernando Medrano (Luo y Noa)

5 pensamientos en “Hay personas y personas…animales sólo hay animales

  1. LA TRAGEDIA DE MIGUEL
    Hoy he sabido que ayer fue un día muy triste para Miguel y desearía que los amigos del Bloc de Laura conociesen los motivos.
    Tal vez fue el día más triste de su vida, de los días que uno quisiera estar muerto. El día 4 de Agosto la perrera de Benidorm, se llevó a 28 de sus 32 perros.
    Permitidme una breve historia de Miguel. Hombre del campo jienense; soltero, llegó a Benidorm a principio de los 70. Trabajó en la hostelería unos años y poco después, le conocí por ser unos de los propietarios en una Urbanización de adosados (esa palabra todavía no se había inventado y se les llamaba bungalitos) que mi despacho gestionaba. Poco después, entró como jardinero en otra Zona Residencial, regentada igualmente por nosotros. Hasta aquí, nada de particular: buen trabajador y mejor persona. Pasó un tiempo y descubrimos que a Miguel le gustaba perforar una especie de cuevas y las cubría con ramas y hierba cortada, en un principio para dormir la siesta y más tarde para pasar algunas noches de fines de semana. Este comportamiento resultaba extraño, pero todos mirábamos para otro lado. Llevó dos perros a sus cuevas y, olvidados del bungalito, permanecieron los tres por algún tiempo en la urbanización hasta que llegaron nuevos perritos que entraron en conflicto con una gata siamesa de una vecina muy particular. Se despidió del trabajo y, después de haber contemplado con sus perros muchas noches estrelladas en plena libertad, decidió trasladarse a una cantera abandonada en la zona.
    Pasaron unos años sin que tuviésemos una relación especial, hasta que le visité en la cantera y, sorprendido, pude ver que había construido una gran cantidad de cabañas de piedra en varias zona, unidas con rudimentarios muros de piedra y cubiertas con plásticos, colchones y otros objetos. Un poblado de 6000 m2 con laberintos y una ristra de cables y cuerdas colocados estratégicamente con el fin de dificultar el acceso a extraños, pero que si te descuidabas, te podías cortar el cuello. Disponía de aljibes donde recogía agua de lluvia para el cultivo de vegetales y otras necesidades. Por aquél entonces, tendría unos 15 perros, todos pequeños, del mismo padre (Bull) y fue cuando empecé a fotografiarlo con su delgadez y su libertad. Miguel lleva más de 20 años en la cantera, (su bungalito cerrado) de los cuales hemos disfrutado más de 10, hablando de los cuidados que dispensaba a sus animales, de sus aventuras amorosas y fotografiándolo todo. He descubierto en él una enorme fortaleza física y psíquica, una inteligencia natural muy reñida con la actualidad y una desbordante bondad.
    Durante todo este tiempo, ha sobrevivido a algunos ocupas molestos que utilizaban sus cabañas como picadero y otros inconvenientes, hasta que hace dos años instalaron una trituradora de grava en la cantera que destruyó parte del “poblado” y le obligó a replegarse a la parte baja y primitiva del mismo, próximo a los edificios de apartamentos. Ha soportado el polvo de la fila interminable de camiones, las cabañas y los árboles cubiertos de esa capa blanca, semejante a las que dejan las erupciones volcánicas, sin olvidar el ruido demoledor de la trituradora. Esta situación la había soportado estoicamente, algo mejorada en la actualidad, pero él y sus 32 perros se han visto obligados a permanecer demasiado cerca de la CIVILIZACIÓN. En este año, conforme se acercaba el buen tiempo, observé que los perros se acercaban demasiado a los edificios y buscar la comida que algunas vecinas les ponían en la calle, y a la obra próxima buscando los restos del almuerzo de los obreros y comprendí que un peligro se cernía sobre todos ellos.
    Casualmente, gestionamos también los edificios en cuestión y recibimos algunas protestas a cerca de los perros. Avisé a Miguel, que dijo no poder sujetarlos, hablé con las vecinas advirtiéndoles de que no les diesen comida, pues los perros has estado siempre bien alimentados, pero todo resultó inútil, era demasiado tarde: los verdugos ya habían llegado. En la junta de propietarios, un auténtico infierno, sentenciaron a los perros “hay que llamar a la policía, a los bomberos, a la perrera, a Barbie, el carnicero de Lyon,. Hay que tirarlos al mar, hay que actuar, cuanto bicho, qué horror…..Me han contado que, con este tema tan urgente y peligroso, los vecinos se olvidaron de gasificar al portero de la finca, ¡menos mal!
    A eso de las 6 de la tarde, llegó al POBLADO un coche de policía y un una camioneta de la perrera con la idea de llevarse todos los perros. Miguel (75 años y muy encorvado) se opuso enérgicamente con ánimo de proteger a los perros que no estaban de ronda y los agentes le conminaron a apartarse o se le llevaban a él también. “Por favor, déjenme, los más pequeños que todavía necesitan atención especial y Bull que, con 22 años está a punto de morir, y estos dos que no ladran, y este que está enfermo y …..” Por Dios, buen hombre, apártese. ¡Actúen los de la perrera, rápido! -Por ese Dios, les pido que me dejen 10, ..9…8…7 (..) Al final quedaron 4, incluido el viejo Bull, todos muy aturdidos con lo ocurrido.
    Al conocer la noticia, he visitado a Miguel y le he encontrado muy triste, con 28 tremendos desgarros en el corazón, 28 heridas de otras tantas ausencias, de las que duelen, por las que el alma se desangra y no se puede encontrar sosiego. El corazón de Miguel se detuvo al ver las patitas y las colas de sus compañeros atrapados en la terrible red oficial, y 56 ojos desorbitados pidiendo ayuda, temerosos de las porras y los lazos de la autoridad.
    Mientras tanto, los vecinos, sonreían y disfrutaban al comprobar que su acuerdo había sido ejecutado con pericia y diligencia. Desconozco si después, todos, bebieron limonada.
    Hace un año tuve que dormir un perro joven, y aún no me he repuesto. No me imagino ese sentimiento multiplicado por 28.
    Laura, podrias publicar algunas fotos de Miguel.
    Lamento la extensión y la rápida redacción.
    Saludos.

  2. El perro, como todos los animales, es muy superior al hombre en muchos aspectos: olfato, oído, visión, agilidad, reflejos, sentido de la orientación, fidelidad, y en casi todo, salvo en discurrir cómo ponerle trampas cuando aquél todavía era lobo. El hombre, consciente de sus limitaciones, siempre quiere tener como esclavo a un ser superior a él, así ocurrió con los esclavos negros de África, que aún siendo personas físicamente superiores, fueron tratados como perros por el hombre blanco hasta que se revelaron. Por esta razón, el hombre considera al perro su mejor amigo, pero aún no sabemos por qué lo hace el perro.
    El diluvio no dio buen resultado: quedó el hombre.

    He visitado a los perros de Miguel, que todavía quedan en la perrera. Están tristes y asustados detrás de una alambrada, a la espera de que alguien los adopte. Por qué, si eran libres, Miguel no ejercía de Señor y estaban perfectamente adaptados a la naturaleza.

    “El médico ve al hombre en toda su debilidad; el abogado, en toda su maldad, y el sacerdote, en toda su estupidez” A. Schopenhauer

    ¿Cómo verían estas tres autoridades al perro, a parte del mejor amigo?

    Saludos.

  3. <p>Miguel. Genio y figura.<br />
    Me ha gustado mucho tu reflexión”…el hombre considera al perro su mejor amigo, pero aún no sabemos por qué lo hace el perro.” buenísima!!! es un amor incondicional y muchas veces sorprende.<br />
    Espero que me envíes alguna foto de Miguel para enseñarla, me alegro que hayas contado la historia y que otros puedan conocerla porque de entrada no muchos se atreverían a acerarse a él y a su POBLADO en el que he estado muchas veces, algunas en persona y muchas a través de tus fotografías en definitiva, he podido comprobar cómo vivía y me ha extremecido saber que han aniquilado una parte de él. </p>
    <p>Miguel sin sus almitas merodeando o subiéndose sobre él para darle calor en las noches no será el mismo.</p>

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